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La Avaricia del Prestamista

La Avaricia del Prestamista

CUENTOS CLASICOS TRADICIONALES

Don Leopoldo se dedicaba a la usura, era muy ambicioso hasta decir ya basta. Prestaba dinero con altos intereses y pedía como garantías prendas o tierras que superaban en miles al valor prestado. De esa forma se hizo de una gran fortuna; ya que si no le pagaban procedía a quitarles sus prendas, joyas, casas, terrenos o fincas.

Casi todas las personas del pueblo estaban endeudados con Don Leopoldo. La finca en donde vivía se la había quitado a un pobre labrador que no pudo pagarle a tiempo.  Don Leopoldo le quitaba a cualquiera sus pertenencias, si éste no le pagaba el dinero junto con los intereses en la fecha pactada.

En el pueblo había una persona que jamás le había pedido dinero prestado a Don Leopoldo. Era su compadre Fernando. Esto tenía bien intrigado al usurero, que estaba dispuesto a ser todo lo posible para lograr que su compadre se convirtiera en uno de sus deudores. La finca de don Fernando era muy grande y hermosa, y como eran vecinos con don Leopoldo, éste soñaba con agrandar la suya convirtiendo los dos terrenos en una sola finca.

Un día, de repente don Leopoldo llegó a la casa de don Fernando, y éste último le dijo:

– Buenas tardes compadre… A que le debo el honor de su visita?.

– Hola compadre… – le dijo don Leopoldo– vengo a que hagamos una apuesta. Es muy sencillo… es un simple juego…. Yo sembraré una semilla en mi finca. Si usted logra adivinar qué es lo que he sembrado, por supuesto antes de que dé frutos, entonces toda mi cosecha será suya. Pero si no logra adivinar, la cosecha de su pequeña finquita será mía. Y para que vea que no se trata de una trampa, le daré tres oportunidades para que pueda adivinar.

Don Fernando lo pensó muy bien antes de aceptar la apuesta. La verdad es que él era un experto en temas de agricultura  y cosechas, y estaba seguro que podría adivinar qué clase de semilla había sembrado don Leopoldo.

-Está bien compadre… – dijo don Fernando – Acepto el trato…

Don Leopoldo no pudo esconder su cara de alegría… Esperaba con ansias que don Fernando perdiera la apuesta. Si su compadre perdía su cosecha, estaría obligado a pedirle dinero prestado, así lograría cumplir su sueño de adueñarse de su finca de una vez por todas.

Entonces don Leopoldo mandó a traer semillas a otro país. Así estaba seguro de sembrar una planta que Don Fernando no conociera.

Pero don Fernando no se quedó atrás. También mandó a traer libros de botánica, en donde pudiese conocer plantas que no se cultivaban en su país; y se puso a estudiar de inmediato. Poco a poco  fue conociendo gran variedad plantas que nunca había visto en su vida.

A los pocos días de sembrada aquella extraña semilla, empezó a brotar una extraña planta. Don Fernando se dio cuenta que no la conocía.  Esta vez se fue a la biblioteca del pueblo y consultó una y otra vez en muchos libros y nada. Se fue a donde todos los vecinos y ninguno la conocía en ese lugar;  y nadie le daba señales de qué podría ser.

Y para empeorar la situación, don Leopoldo  pasaba todos los días por su casa con una cara de triunfo,  y esto ponía nervioso a don Fernando

 Un día, don Fernando amaneció con una idea.

Cuando don Leopoldo daba su acostumbrado paseo frente a la casa de don Fernando, éste le dijo:

-Oiga compadre…, tenga cuidado con su sembradío. Anoche que pasaba por ahí, vi un extraño animal en su siembra.

La acostumbrada cara de felicidad y triunfo de don Leopoldo desapareció enseguida. Esa misma noche se propuso a velar su siembra desde el ocaso hasta el amanecer.

Entonces, ya entrada la noche, don Fernando se untó todo el cuerpo de miel y se revolcó en un poco de plumas de gallina. Su aspecto era tal, que no podía distinguirse si era un pájaro raro o un alienígena.

Luego llegó al campo del usurero, se agachó y empezó a caminar a gatas entre las plantas. A veces daba unos ronquidos como de bestia, y por último se puso a arrancar plantitas.

La noche era muy oscura y don Leopoldo estaba temblando de miedo. Jamás se hubiese imaginado que existiera un monstruo de ese tamaño. Luego empezó a sentirse mal, sacó fuerzas desde el fondo y gritó:

-¡Vete bestia de aquí…. Estas destruyendo las plantas… Deja en paz mi Soya…!

El monstruo desapareció como por arte de magia.

Cuando llegó el día en que don Fernando tenía que adivinar, don Leopoldo no pudo esperar más, se puso un traje muy elegante, y partió hacia la casa de su compadre.

– Buenos días compadre… Perdón por madrugar tanto, pero debe usted saber qué me trae por aquí…? – dijo don Leopoldo.

-Por supuesto, compadre – contestó don Fernando.

-Entonces empecemos –dijo don Leopoldo – si a la tercera vez usted no adivina, toda su cosecha será mía. Así es que por favor acierte…

¿Qué es lo que tengo sembrado en mi terreno?

-Mora –contestó don Fernando.

-No… No es Mora…

-Frijoles – dijo por segunda vez…

-No… No son Frijoles – dijo don Leopoldo saltando ya de alegría.

-Esta es su última oportunidad, compadre, – dijo don Leopoldo con ansias de arrebatarle su cosecha –  ¿qué es lo que hay sembrado en mi parcela?

-Soya, compadre, Soya –contestó Fernando.

Don Leopoldo no lo podía creer…. Se enfureció tanto que parecía una fiera y sin ganas de volver a retar a don Fernando.

Otra vez la avaricia y la codicia vuelven hacerse presente en nuestra historia.

Ya antes habíamos hablado en “Los Ratones que Comían Diamantes”, cómo el vecino de Don Ricardo se había quedado con unos diamantes que éste le había confiado para que se los cuidara.

En esta ocasión, don Leopoldo lleno de ambición por la finca de su compadre, se atreve a desafiarlo con el único fin de apoderarse de sus tierras; quedando demostrado una vez más que la avaricia lo pierde todo por tenerlo todo.

La avaricia es un deseo insaciable de tener más, en cuanto más se tiene más se quiere. Por eso la avaricia es considerada como uno de los siete pecados capitales, ya que trae consigo el arrebatar a los demás lo que con mucho esfuerzo éstos han logrado.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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