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La Adivinanza

La Adivinanza

CUENTOS CLASICOS

Hace mucho tiempo, había un rey que tenía una hija muy hermosa, y que adivinaba cualquier adivinanza o acertijo que le dijeran.

La princesa ya estaba en la edad de casarse y el rey propuso dársela por esposa a aquel hombre, fuera de la realeza o no, que fuera capaz de decir una adivinanza a la princesa y que ésta no la adivinara. Pero si la adivina, el hombre morirá decapitado.

Mandó a instalar carteles y rótulos por todo el reino dando la noticia, y muchos hombres acudieron al llamado y nadie pudo casarse con la princesa y terminaron muertos.

Luego de haber muerto muchos hombres, los demás tuvieron miedo y ya nadie se atrevía a desafiar a la princesa con sus adivinanzas.

Pero un día llegó la noticia hasta el rincón más escondido de aquel lejano país, donde vivía un muchacho pobre junto a madre.

El joven era muy valiente, le pidió a su mamá que le preparara provisiones para una semana, porque iba a partir a la madrugada siguiente.

-¿Y Para qué quieres que te prepare comida para una semana? –le preguntó  la señora.

-No temas madrecita –le contestó-, Con  esas provisiones calculo que me alcanzan para llegar al palacio del rey  a casarme con su hija.

La madre se entristeció mucho, porque ya sabía cuántos hombres había muerto por su afán de casarse con la princesa.

Se fue para la cocina y empezó a preparar la comida para su hijo, y mientras la preparaba se le ocurrió una gran idea : “Antes de que el rey decapite a mi hijo, yo mataré al rey”. Entonces preparó unos panes adicionales, les echó veneno  y los envolvió en una manta y los colocó en un morral.

Antes del amanecer, cuando partió su hijo hacia el palacio, le dio la bendición y le dijo :

-Los panecillos que van en este morral son para el Rey.  Entrégaselos de mi parte para tocar su corazón y que tenga piedad de ti. Promete que se los entregarás a tu llegada.

El muchacho ya tenía lista a su mula a la que llamaba Panda. La cargó con sus provisiones y emprendió su camino.

El palacio estaba a una semana de camino, y después del segundo día de caminar y caminar, buscó la sombra de un árbol para descansar y se sentó a comer.

“Pobre mula dijo, debe tener más hambre que yo, pues ha venido con toda mi carga durante dos días sin descansar”. Y decidió darle los panecillos del rey.

En menos de una hora la pobre mula estaba muerta. Como ya estaba anocheciendo, decidió velarla esa noche y enterrarla a la mañana siguiente.

Conociendo los peligros de la montaña, decidió dormir arriba de aquel árbol que lo había acobijado con su sombra.

Era una noche de luna llena, y cuando se iba quedando dormido escuchó los aullidos de unos lobos. De pronto vio que se acercaban tres de ellos y empezaron a devorar a la pobre mula.

No habían terminado de comérsela cuando uno a uno los tres lobos cayeron muertos.

Cuando el muchacho vio que murieron los tres lobos dijo: Ya tengo la primera parte de mi adivinanza:

“Pan Mató a Panda,  Panda Mató a Tres…”

Antes del amanecer, tomo las provisiones que le quedaban y prosiguió su camino.

Llegó al río a bañarse y a abastecerse de agua, cuando de repente ve que la corriente traía a uno de los lobos muertos la noche anterior. Sobre él iba un zopilote comiéndoselo y por los árboles cantaban los pájaros….

Entonces se le iluminó la mente al muchacho y dijo : Ya tengo otra parte de mi adivinanza:

“…  Un coro iba volando mientras un Negro iba Nadando sobre un Muerto que lo iba Cargando…”

Siguió su camino y al finalizar el día buscó un lugar seguro para descansar..

Amaneció el cuarto día y emprendió de nuevo su camino. A la hora del almuerzo se dio cuenta que se había quedado sin provisiones y no tenía qué comer.

Buscó qué cazaba  y a lo lejos divisó un conejo… Improvisó una onda y le lanzó una piedra la cual acertó en la frente del conejo.

Procedió a destazarlo y resulta que no era conejo. Era una conejita preñada, de la cual no desperdició ni a sus crías.

Almorzando estaba cuando se dijo : Ya tengo otra parte de mi adivinanza :

“ … Tiré a quien vi y Maté a quien no Vi… Comí Carne Nacida y por Nacer…”

Después de su suculento almuerzo, se tomó una siesta y despertó hasta la mañana siguiente. Prosiguió su aventura… caminó y caminó hasta el atardecer.

Buscó la sombra de un árbol y quiso mitigar su sed, pero se había terminado el agua. Luego vio que en un corral pastaba un burro y empezó a corretearlo hasta que el burro se bañó en sudor.

Entonces empezó a lamer el sudor del burro hasta saciar su sed, y luego pensó: Creo que ya tengo mi adivinanza completa:

“… y Tomé Agua No Nacida y sin Llover.”

Ya con esto se sintió tan alegre… se dispuso a dormir y al amanecer del sexto día retomó su camino hasta que al fin llegó al palacio; vio que aún estaba el rótulo y tocó a la puerta.

Al rato salió a recibirlo el rey, y al verlo tan harapiento le dijo : Es mejor que te retires, porque vienes sólo a morir; a lo que el muchacho le contestó: Eso ya lo veremos… mi querido suegro…

El Rey lo llevó hacia donde la princesa y ella le dijo : Dime tu Adivinanza…

Entonces él le dijo :

“Pan Mató a Panda, Panda Mató a Tres;
Un coro iba volando mientras un Negro iba Nadando sobre un Muerto que lo iba Cargando;
Tiré a quien vi y Maté a quien no Vi, comí Carne Nacida y por Nacer, mientras Tomaba Agua No Nacida y sin Llover.”

Mientras la Princesa escuchaba… ésta meditaba… Jamás había escuchado una adivinanza tan compleja. Al ver que no podía contestar, le pidió al Rey que trajera los libros secretos que guardaba en una caja fuerte y que le consultara a los oráculos del rey.

Entre la princesa, el rey y el oráculo consultaban los libros. Al ver que se acercaba la noche le pidieron al joven que se retirara y que regresara el día siguiente. En ese ir y venir pasaron una semana.

El joven estaba tranquilo y sereno; pues sabía que la respuesta a su adivinanza era toda la aventura que había pasado en su camino al palacio, la que desconocían la princesa, el rey y el oráculo; y esperaba el momento en que le dieran su mano, imaginándose bailar el vals en la fiesta de bodas.

En todo el palacio se cansaron de buscar una respuesta para aquella adivinanza, pero no encontraron nada y  el rey y la princesa estaban muy desesperados. Entonces el rey, dándose por vencido mandó a traer al muchacho y le dijo:

“Soy hombre de palabra y serás mi Yerno. Mañana te casas con mi hija porque después de una semana no encontramos respuesta a tu adivinanza.”

Se fueron a dormir, y esta noche al muchacho le prepararon una habitación en el palacio.

Al amanecer, el rey mando a confeccionar el mejor traje de la realeza para el muchacho y el mejor vestido para la princesa, invitó a la boda a todos los habitantes de su reino y envió un carruaje real para traer a la madre del muchacho.

Gran lección de perseverancia nos da este joven, el cual nos muestra que para lograr nuestros sueños lo que se necesita es luchar por ellos, aunque no contemos con los recursos necesarios para empezar la aventura.

Al salir de su casa únicamente llevaba consigo provisiones para una semana y una pequeña mula. Ni siquiera tenía la adivinanza que le daría la mano de la princesa.

Cuando estés dispuesto de emprender el camino para alcanzar tus sueños, no esperes contar con todos los recursos que necesitas ni estar preparado. Empieza la aventura con lo que cuentes. Lo único que necesitas es el fuerte deseo y la determinación para lograrlo; Dios estará contigo y no te dejará solo.

Emprende el Camino Ahora.. Vive la Aventura… No te pierdas Tu Éxito…

La Abuela

About The Author

La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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