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Ingenieros de Papel

Ingenieros de Papel

CUENTOS PARA DORMIR Y REFLEXIONAR

Mario se había criado en una familia muy humilde. Con mucho esfuerzo, sus padres lograron que llegara hasta la universidad. Logró graduarse de Ingeniero Civil. Como fruto de sus grandes esfuerzos y desvelos, llegó a ser uno de los mejores estudiantes y se graduó con honores.

Pensando que gracias a sus buenas notas lograría colocarse en una buena firma constructora, se fue a buscar trabajo y tocó muchas puertas. A pesar de su optimismo y su “buen currículum”, en algunos lugares le dijeron que no tenía experiencia y en otros que estaba muy joven para darle un trabajo de confianza. Después de varios meses de búsqueda infructuosa, ya muy deprimido se resignó a trabajar como ayudante de albañil.

Mario no quería ser como su abuelo, que era un humilde albañil.  Así lo había expresado a sus padres en más de alguna ocasión. Ellos nunca se lo reprocharon para no quitarle su optimismo y entrega a los estudios.

Deseando un mejor futuro para su hijo, y que éste se superase más que ellos obteniendo un empleo profesional, y que no se quedase en los oficios del campo como sus tíos; sus padres hicieron todo lo posible para mandarlo a estudiar. Se pusieron muy tristes cuando vieron a su muchacho cabizbajo y deprimido, mientras les contaba todo lo que le estaba pasando y que no tenía otra salida que aceptar ser ayudante de albañil.

El abuelo de Mario era una persona muy respetada en el pueblo. Siempre sacaba de apuros a todos los que le pedían que arreglara sus casas. Les reparaba el techo, ampliaba alguna habitación, pintaba sus paredes, la hacía de fontanero, plomero, electricista; y de vez en cuando construía una casa desde cero.

Sabía muy bien que casi todos hacían mucho esfuerzo para pagarle su jornal, pero siempre hacía muy bien su trabajo. Se había ganado el sobrenombre de “Abuelo” por ser uno de los hombres más longevos del pueblo. Pero no era respetado sólo por su calidad de trabajo, sino por sus sabios consejos y palabras de aliento y bondad que tenía para quien se lo encontraba.

Entonces Mario fue a visitarlo y le contó lo que le estaba sucediendo. Muy Frustrado le dijo:  Me desvelé mucho estudiando y obtuve mi título profesional con las mejores calificaciones en el menor tiempo posible, me sacrifiqué más que todos mis compañeros, y  ahora nadie me ofrece trabajo.

El abuelo ya tenía su pelo completamente blanco y  sus manos maltratadas por el tiempo y el cemento;  puso abajo el ladrillo que tenía, volvió a ver a la cara de Mario que tenía ojos de tristeza y le sonrió.

Poniéndole su mano en el hombro le dijo:

Mira Mario….  yo crecí en otra época en donde la vida era mejor y no había educación formal.

Mis hermanos y yo aprendimos junto a papá y mamá el oficio del campo, en el calor del hogar. Yo no quería cultivar la tierra, ni ser granjero; yo quería ser albañil. Entonces papá habló con mi padrino, Raúl el albañil del pueblo en aquel entonces, y me mandó con él. Estuve mucho tiempo trabajando sin recibir pago alguno. Pero a cambio fui aprendiendo el oficio poco a poco. Fue mi mentor, mi maestro y mi guía. Me trató como a un hijo.

Ahora ha cambiado la manera de enseñar. A los muchachos los obligan a estar   encerrados en un salón de clases todo el día. Si se levantan o gritan los castigan y no les permiten ser niños. Si no te pueden “controlar” te envían al psicólogo, luego al psiquiatra para que te administre drogas a fin de mantenerte quieto.

Los “Maestros”  explican la clase y los muchachos tienen que tomar apuntes con papel y lápiz sobre la manera de pegar un ladrillo, pintar una casa, colocar un techo, alinear una viga; en fin, todo lo que se debe saber. Después de escribir páginas y páginas del cuaderno; les dan el cemento y la arena, y los mandan a preparar el concreto. Estos muchachos aprenden a ser Ingenieros de papel y lápiz; y creo que si te pidiera que coloques un ladrillo en esta pared, no sabrías qué hacer.

Estoy totalmente convencido, continuó el abuelo, que la educación es la base para todo. Pero sólo con el conocimiento no basta. No se aprende a manejar bicicleta con un manual, para aprender debes rasparte las rodillas. No puedes pasar cinco años encerrado en una universidad para ser ingeniero, y nunca visitaste una obra en construcción. No puedes pasar cinco años frente a un “Maestro”  que te forma como Administrador de Empresas, si éste es un simple empleado y nunca ha emprendido un negocio.

Para todas las profesiones; las universidades deberían utilizar la metodología que utilizan las Escuelas de Medicina; en donde los “Maestros” son verdaderos profesionales que ejercen la medicina, y las clases teóricas se llevan a la par de clases prácticas, rotándolos en hospitales de diferentes especialidades. También debes de tomar en cuenta que nada hacemos si no aprendemos a respetar, a ser obedientes, a ser libres, a tener amor y fe. Nada hacemos con leer muchos libros y saber muchas cosas, si no aprendemos primero que valemos por el simpe hecho de ser hijos de Dios y no por lo que tenemos. Nada hacemos si por atesorar cosas materiales, nos olvidamos de lo más importante: de Dios, de vivir en paz y  tener el tiempo para compartir nuestras tristezas y alegrías con nuestros seres queridos. La ambición, la avaricia y el poder son malos compañeros.

Hijo… El tiempo vuela y tú pronto serás padre y viejo como yo. Debes entender que no es fácil educarse, y que sólo la vida, el ejemplo y la confianza son los mejores maestros y que la primera escuela está en el hogar. Ten en cuenta que la educación no es una ciencia. Los animalitos saben criar a sus hijos, les enseñan a defenderse del frío y de los enemigos. Y todo lo hacen por el instinto sabio que les fue dado por Dios y enseñado por la naturaleza.

Tú Mario, ya tienes un ladrillo en tus manos. Parte de ese ladrillo es lo que la vida y tus padres te enseñaron. La otra parte, es lo que aprendiste de los libros y lo que te enseñaron tus profesores. La vida está llena de maestros y si sigues sus buenos consejos, vas a aprender a pegar ese ladrillo y verás que con el tiempo dejarás de ser un Ingeniero de Papel para convertirte en un verdadero albañil que logrará construir su propia vida.

Ir a la escuela, al colegio y hasta la universidad es importante. Pero para ser un buen profesional debes estar seguro de tu verdadera vocación, y embarcarnos en la profesión que nos apasiona, ya que cualquier oficio o profesión será parte de nuestra vida, por lo tanto debemos disfrutar de nuestro trabajo.

Si escogemos un oficio o profesión, sólo para llegar a tener dinero y bienes materiales, estaremos aprovechándonos de las personas que ven en nosotros la esperanza de resolverles un problema. Nunca seremos felices ni tampoco podremos hacer de nuestros hijos personas de bien. Si nos apasiona la profesión u oficio que hemos escogido, nuestro trabajo será divertido. Si buscamos tiempo para nuestra familia y si compartimos con nuestros hijos; podremos dormir bien, llenos de paz y sobretodo satisfechos porque nuestra conciencia está tranquila. ¡Qué más podemos pedir!. Si no. Seríamos Ingenieros de Papel.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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