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En Busca del Destino

En Busca del Destino

CUENTOS POPULARES

Había una vez un rey y una reina que tenían siete hijas. En ese tiempo una guerra arrasó el país, y el rey fue capturado. La reina debió ir a vivir a una choza con sus hijas y apenas encontraban algo para comer. Un día llegó una anciana  a solicitar una limosna. La reina le dijo que no podía ayudarle pues estaba tan pobre como ella.

La anciana se aproximó a la reina y le afirmó al oído. -¿Sabes por qué razón ustedes están tan pobre y todo les sale mal? Es por el hecho de que una de tus hijas atrae sobre ella todas y cada una de las desgracias del universo.

Esta noche cuando tus hijas estén dormidas contempla sus manos. Aquella que las tenga cruzadas sobre el pecho es a la que debes despachar.  Si no lo haces, jamás volverá a entrar la fortuna a tu casa.

A media noche la reina encendió una vela y fue al cuarto de sus hijas. Observó que dos dormían con las manos entrelazadas, otras dos con las manos bajo la almohada y otras dos con las manos bajo la cabeza. Pero la menor de todas, la Princesa Laura, tenía sus manos cruzadas sobre el pecho.

La reina lloró tristemente, diciendo: -Laurita, Hijita de mi corazón, justamente  eres a quien debería despachar. Pero no puedo hacerlo.

En eso la Princesa abrió los ojos y le preguntó a su madre por qué  lloraba. La reina le contó lo que le había dicho la anciana.

-No llores madre adorada, afirmó Laura, en estos momentos me visto y me marcho.

La reina  insistió en que no se fuera, pero la chica ya se había vestido. Echó un par de cosas cosas en un bolso, besó  a su madre y se fue.

Ambuló toda la noche. Al amanecer vio una casa sola en un inmenso valle. Se aproximó y vio a varias mujeres trabajando en un taller. Una de ellas le dijo: -¿Cuál es tu nombre? ¿No deseas entrar y ayudarnos?

La chica le contestó: – Mi nombre es Laura y me encantaría trabajar con ustedes.

Al caer la noche le pidieron que se fuera, ya que no podría dormir allá.

A la media noche Laura escuchó unas tijeras. Con valor se aproximó al telar y vio a una mujer cortando el hilo en mil pedazos. Entendió que esa mujer era su mal destino que la había seguido. El siguiente día volvieron las mujeres y la emprendieron a palos contra la pobre pequeña que no pudo defenderse.

La Princesa continuó su  camino. Por último llegó a otro reino. Al lado de un arroyo halló a una mujer que lavaba ropa. Laura le contó que estaba perdida en el reino. La mujer, que se llamaba Filomena, le dijo que si sabía lavar ropa podía quedarse y ayudarle. Laura demostró ser una genial lavandera. Pero no solo eso: remendaba y planchaba con un cuidado que todas y cada una de las prendas parecían nuevas luego de haber pasado por sus manos.

Lo que no sabía era que la ropa que lavaba era del rey de ese país. Cuando el rey vio la ropa, quedó tan encantado que le dio una moneda de oro a Filomena como premio. Con eso Filomena adquirió un saco de harina. Hizo el pan para las dos y dos rosquillas con anís. Entonces llamó a Laura y le dijo: -Coge las rosquillas y vete río abajo; ahí llama tres veces a mi destino. Le entregas una rosquilla con un saludo de mi parte. Entonces le preguntas dónde puedes localizar tu destino.

Laura lo hizo de ese modo. A la tercera llamada se presentó el destino de Filomena, cogió la rosquilla, sonrió muy amablemente y le dijo: -Yo sé que  tú también  buscas tu destino. Pero es tan  triste que ninguno de nosotros desea saber nada de él. Es una vieja hechicera de la que nos escapamos. Prosigue por la ribera y la hallarás sentada junto  al horno. Dale la otra rosquilla y si te trata mal, sé amable con ella.

Y de esta forma sucedió. Laura halló a una vieja vestida en arrapos y tan sucia, que la joven se estremeció al verla. Y le dijo: -Mi querido destino toma esta rosquilla. Te la entrego con todo mi corazón.

La vieja le gritó: -¿Quién te solicitó la rosquilla? Lárgate de acá.

Laura sonrió. Puso la rosquilla frente a la vieja y corrió a encontrarse nuevamente con Filomena.

El primer día de la semana empezaba nuevamente la lavada. Filomena remojaba y enjabonaba. Desgracia estregaba, aporreaba y después remendaba y planchaba. Cuando volvió la ropa donde el rey, éste que nunca había visto nada igual, puesto que la ropa daba la sensación de que relucía; esta vez le dio dos  monedas de oro como premio. Filomena adquirió un vestido dominguero para Laura y otro saco de harina. Nuevamente hizo dos rosquillas que eran el doble de grandes que las anteriores y mandó a Laura a visitar a los dos destinos. Y nuevamente el destino de Laura volvió a gritarle toda clase de insultos y groserías.

A la tercera semana, el agrado del rey fue tan grande que le dio tres monedas de oro a Filomena. Con eso adquirió, no únicamente harina, sino más bien una enagua, una camisa, pañuelitos finos y un peine. Eran cosas tan finas que hubiesen conquistado el corazón de cualquier mujer. Le dio estas cosas a Laura y la mandó nuevamente donde los dos destinos.

Esta vez la hechicera hizo una cara menos maligna. Daba la sensación de que asomaba una sonrisa entre sus arrugas. Entonces Laura tomó valor: cogió jabón y cepillo, bañó a la hechicera de la cabeza a los pies y la metió en los vestidos nuevos. Poquito a poco su maldad parecía desaparecer. Tras contemplarse largo rato con ternura, le reveló el destino a Laura: Por todo lo bueno que me has hecho, te regalo esta caja.

Apenas retornó a casa de Filomena, Laura abrió la caja. ¡Pero qué decepción! Solo contenía un pedazo de tela de tul.

El siguiente día que Filomena fue a llevarle la ropa al rey, lo halló con la cara enojada y le preguntó qué le pasaba. El rey le contó que iba a casarse, pero que acababa de descubrir que el traje de boda de la novia le hacía falta un pedazo de tul, y en su reino no se hallaba un pedazo de tela igual a ese. Filomena le solicitó que esperase un instante y corrió a su casa, retornando con la caja. Claro que el pedazo del tul era el que le hacía falta al vestido de novia.

El rey se alegró mucho y le prometió a Filomena que lo que pesase el tul se lo daría en oro.  Puso el pedazo de tela en el lado izquierdo de la balanza y echó oro en el derecho. Pero por más oro que echaba jamás era suficiente para levantar la balanza izquierda. Muy intrigado el rey le preguntó a Filomena si sabía por qué razón no respondía la balanza y  le contó toda la historia.

Inmediatamente el rey mandó a buscar a Laura. Ella hizo una reverencia como había aprendido cuando era princesa y con buenísima educación bajó los ojos al suelo. El rey le preguntó quién era y Laura le contestó:

-Yo soy la hija menor de aquel rey vecino tuyo que perdió su trono. Y mi destino, que siempre y en todo momento fue malo conmigo, me forzó a rodar por el mundo. Me forzó a aguantar garrotes y patadas antes que llegase donde Filomena.

El rey estaba tan impresionado que le rodaron las lágrimas por las mejillas. Después deshizo su compromiso con su novia e informó por todo el reino su próxima boda con Laura. Filomena fue nombrada compañera de la nueva reina.

Inmediatamente después de la Boda, partieron en su Carruaje hacia donde la madre de Laura. Ahí dio vuelta de manera inmediata la rueda del destino. Apenas salió Laura de la casa volvió la fortuna. Un hermano del rey llegó con un ejército y volvió a conquistar el país. La reina y sus seis hijas volvieron al palacio. Y su felicidad fue completa cuando vieron llegar a Laura con su marido, el Rey vecino; inundando de fiesta y alegría todo el reino.

Esta historia me recuerda “El Alquimista” de Paulo Cohelo, que narra las aventuras de un héroe que sale en busca de su tesoro por todo el mundo, lejos de su tierra; para luego regresar a su punto de origen y encontrarlo ahí.

Durante todo su viaje, sufre una transformación sobre lo que ve y percibe de la realidad y del mundo en que vive, dándose cuenta que la fuerza que transforma y mejora el alma de los hombres es el Amor.

La Princesa Laura debe de salir de su casa para alcanzar su sueño de convertirse en Reina. Enfrenta sus miedos, trabajar duro, practica la perseverancia y utiliza los medios que le muestra Felícita para encontrar su destino sobre el azar de la vida, logrando identificar las señales que ésta le presentaba cada día.

Debemos tomar en cuenta que el Destino no determina el éxito ni el fracaso. Si queremos alcanzar el éxito, debemos dejarnos guiar, ser pacientes y tolerantes, trabajar duro y ser perseverantes; y sobre todo El Destino está dentro de nosotros mismos, en esa fuerza interior: El Amor.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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