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El Sastre Obediente

El Sastre Obediente

CUENTOS TRADICIONALES

Llegaron una vez un finquero y un sastre donde el juez a que les resolviera un litigio.

El juez les dijo:

-Que explique el sastre qué fue lo que paso, puesto que el finquero semeja estar tan bravo que ni puede decir ni una tan sola palabra.

-Mire, señor juez –dijo el sastre –hace unos días llegó este señor a mi sastrería y me preguntó si podía hacerle una camisa con la tela que  llevaba.

Yo le respondí  que sí. Entonces me preguntó si podía hacerle dos camisas con la misma tela. Yo le volví a afirmar  que sí. Luego me pidió que mejor le hiciera tres camisas… y yo volví a decir que sí. El prosiguió incrementando el número de camisas y  siempre y en todo momento yo le confirmaba que sí. Al fin, quedamos en que  le haría diez camisas y cumplí con lo prometido.

-No es cierto –gritó el finquero-. Este miserable me ha estafado señor juez.

-Bueno –dijo el juez- si el sastre afirma que hizo las camisas, que se las entregue al finquero. El se las paga y todo se termina. No veo a qué tanto problema.

Entonces el sastre comenzó a sacar de la bolsa de su pantalón, uno a una, diez diminutas camisas que apenas podían vestir un muñeco.

-Ve, señor juez, de qué forma este miserable me ha engañado  -afirmó colérico el finquero.

-Usted fue el que me pidió que le hiciese diez camisas, ¿o no es cierto? –se defendió el sastre.

-Bueno –le afirmó el juez al sastre, -explíqueme  por qué razón hizo camisas para muñeco y no camisas para el finquero.

-Cuando este señor vino a mi sastrería, -dijo el sastre- me trajo un pedazo de tela y me preguntó si podía hacerle una camisa. Vi la tela y me di cuenta que sí salía una camisa. En el momento en que me preguntó que si podía hacerle dos camisas, entendí que deseaba camisas más pequeñas. De ahí que le dije que sí. Conforme aumentaba el número de camisas que solicitaba,  entendía que deseaba camisas más pequeñas y de ahí que hice diez camisas al tamaño que saliese.

-Es estafa, señor juez, estoy seguro que el sastre lo hizo de mala fe.

-Puesto que ahí está el inconveniente –dijo el sastre. Como  actúa de mala fe, piensa que el resto lo hacemos igual. Usted pensó que si le hacía una sola camisa iba a sobrar mucha tela y que me quedaría yo con ella. Puesto que no es de esta manera, señor. No desconfíe del resto y no trate de aparentar ser más listo. En ocasiones, como en un caso así, hay uno más vivo que otro. Yo soy hombre honrado, pero su falta de confianza fue lo que me hizo actuar de esta forma.

El juez lo entendió todo y viendo que en cierta manera el sastre tenía razón, si bien no totalmente, los condenó a los dos: el sastre perdería el trabajo y el finquero su tela.

Ya lo dice el tan conocido refrán “El Ladrón Juzga por su Condición”. Si actuamos de mala fe, pensamos que los demás van actuar de la misma manera como nosotros.

De ahí que si somos malos, pensamos que siempre nos harán daño… y si somos buenos, pensamos que todo el mundo lo es. Esta ley de la vida en cualquier sentido nos afecta; ya que si creemos que todas las personas son malas no confiamos en nadie, y si pensamos lo contrario, confiamos en todo mundo y siempre hay alguien que sacará provechos de dicha situación.

El finquero pensó que el Sastre se quedaría con su tela, si el sastre hacía sólo una camisa y pidió que le hiciera no dos, ni tres.. si no diez camisas.

El sastre cumplió e hizo las diez camisas; y en tal sentido ambos perdieron : El finquero su tela y el sastre su trabajo.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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