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El Ratoncito Dormilón

El Ratoncito Dormilón

CUENTOS CORTOS INFANTILES

La historia nos dice que bajo nuestras viviendas, plazas, calles y avenidas de nuestros pueblos, habitan grandes ciudades de ratones.

Allí, en nuestro suelo subterráneo, sin que nadie lo sospeche, son elegidos democráticamente, Presidentes, Ministros, Diputados, Jueces, Magistrados y diferentes funcionarios públicos al estilo Jerry, Spedy González, Pikachú y Mickey Mouse.

Pero en esta historia no se trata de ratones famosos como los mencionados anteriormente, si no que se trata de una familia de ratoncitos de clase media, que tienen su madriguera bajo la escuela del pueblo.

Esa madriguera se compone de varias habitaciones, pues la familia es numerosa. El más pequeño de todos se llama Timoteo y casi siempre pasa dormido.

Es un  ratoncito totalmente gris y con una lenguita rosada con la que se bañaba, dientecitos blancos, bigotes grandes y unos ojazos negros.

En una mañana que empezaba a calentar el sol, Timoteo salió corriendo en busca de nuevas aventuras. Corrió por las canchas de la escuela, pasó fincas, potreros y llegó a la zona más popular del pueblo; en donde como siempre olía riquísimo.

Si esperar tanto, Timoteo se metió por la ventana de una casa y directamente se encontró con la cocina, de la cual emanaban apetitosos olores, y en la cual había muchas personas.

-¡Socorro, Socorro! ¡Aquí hay Un ratón! –gritó una mujer….

-¿Qué ratón? –dijo su esposo….

-Estaba por la estufa….

-¡Son puros inventos tuyos… no hay ningún ratón!

Timoteo se escondió tras la estufa, su corazoncito casi se salía de su pecho… Suspiró y se quedó tranquilo…. Había descubierto que en aquella casa no había gato, porque de lo contrario lo hubiesen llamado.

En la cocina estaban muy ocupados preparando el almuerzo y un riquísimo postre para recibir a una visita muy especial.

Toda la comida se veía y olía deliciosa, pero Timoteo se había concentrado en el postre: Un delicioso Dulce de Fresas.

El postre estaba en un pyrex de vidrio, ya frío sobre la mesa. Timoteo esperó a que las personas se retiraran de la cocina, y cuando se fue la última persona hizo una especie de clavado olímpico y luego de hacer trampolín sobre la mesa aterrizó en medio de las fresas, nadando en el dulce. Era su postre favorito.

Se puso a comer y a comer, pero lo tibiecito del dulce y lo lleno que estaba que le dio mucho sueño y se quedó profundamente dormido. Era tanto su sueño, que pensó que soñaba cuando oía a un niño que decía:

  • Mamí… Mamí…. ¡El postre parece delicioso!… ¿Me das a probar?
  • En estos momentos no, hijito. Debes sentarte con los adultos a la mesa. Pero debes comportarte bien, sin molestar.. Debes usar los cubiertos para comer, tampoco puedes hablar mientras comes, ni mucho menos decir que la comida sabe mal. Debes comerte todo lo que te sirvan sin hacer berrinche…

Timoteo se quedó profundamente dormido. Cada vez se sumergía más en el dulce y de tan pequeño que era que parecía una fresa más entre todas.

Lo despertó el movimiento cuando todos los comensales se pasaban de uno a otro el pyrex del postre. Le dio pánico y mucho miedo el pensar que no podía salir de aquello.

Alguien se estaba sirviendo su parte con una cuchara enorme. A como pudo la evadió y fue a parar al fondo haciéndose pasar como una fresa.

Le rezó a San Francisco de Asis, a San Antonio de Padua y a San Martín de Porres, santos que abogaban por los animales; para que lo salvaran de este embrollo.

Primero les sirvieron a los adultos y lo último se los sirvieron al niño…

– Mami…. Preguntó el niño ¿ Qué es lo que me han servido?

-Dulce de Fresas Jorgito. Come está delicioso…

El pequeño miraba el plato de orilla a orilla. Mientras, los adultos comían y charlaban sobre el clima, los niños, la economía… cosas de adultos; y aunque mamita le había pedido al niño que se comportara en la mesa, éste la interrumpió para preguntar:

-Mamaaaaá… ¿Las Fresas tienen grandes ojos negros?

-¡A qué niño más malcriado…! Las Fresas no tienen ojos negros, come despacio y tranquilo Deja de molestar.

El niño se estaba poniendo nervioso y no dejaba de ver el plato. Mientras tanto los adultos seguían filosofando y hablando de los ausentes; pero al momento el niño volvió a interrumpirlos…

-Mamiiiiiiiii… ¿lLas Fresas tienen orejitas redonditas?

-¡Te lo vuelvo a repetir… Come y estate quieto. Las Fresas no tiene orejitas redonditas!

Jorgito siguió contemplando su plato. Y una vez más volvió a interrumpir…

-¡Mamita… ¿Pero verdad que las fresas tienen bigotes y cola?

-¡Estate quieto de una vez por todas y déjanos a nosotros hablar con tranquilidad. Cómete el dulce y no sigas diciendo tonterías! –le regañó su mamá- ¡Cómo crees que una fresa va a tener colita y bigotitos!

Los gritos de la señora despertaron y asustaron a  Timoteo y en ese mismo instante saltó del plato a la mesa. Las señoras se subieron a las sillas y se pusieron a gritar como sirenas de ambulancia. Jorgito cambió de colores y le dio un ataque de risa.

El ratoncito saltó al piso y salió corriendo a subir a la ventana por donde había entrado. Luego saltó al jardín y partió rumbo a su madriguera bajo la escuela. Le costó, pero al fin encontró la cuevita, entrada principal de su casa.

-¡Timoteo… ¿Que te ha sucedido?! –le gritaron sus hermanos. ¡Cuéntanos qué gato te ha asustado! Y sus padres y abuelos empezaron a limpiarlo con sus lengüitas mientras disfrutaban el delicioso dulce de fresas.

Me encantan los finales dulces… – dijo la abuelita Tomasa, mientras se secaba un par de lágrimas de alegría por haber retornado su nieto sano y salvo.

About The Author

La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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