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El Poder de la Fe

El Poder de la Fe

CUENTOS PARA REFLEXIONAR

En una Ciudad muy lejana, hace mucho tiempo, vivía un hombre muy bueno y generoso, llamado Daniel.

Era un reconocido empresario, y sus negocios muy lucrativos que le permitía vivir cómodamente con su familia.

Un día se le vino todo abajo. Uno de sus barcos, que llevaban mercadería al otro lado del océano naufragó. Toda la mercadería que llevaba el barco se perdió y con ello gran parte de su fortuna. Don Daniel era un hombre que seguía a Dios y tomó esta noticia con mucha resignación.

En menos de un mes, el único hijo de don Daniel, salió a una ciudad cercana a dejar un cargamento de mercancías. En el camino el vehículo en que viajaban fue asaltado por delincuentes, y además de robar toda la mercadería, asesinaron a todos los que ahí viajaban.

Cuando don Daniel recibió este gran golpe, fue a la iglesia más cercana y rezó arrodillado ante la Virgen María, por el alma de su hijo y sus empleados. Todos los que conocían a don Daniel, estaban sorprendidos de ver el valor con que él resistía a los golpes que da la vida.

La economía empezó a empeorar y con ello los negocios de don Daniel se vinieron a la quiebra. Cada día que pasaba, era peor que el  día anterior y Don Daniel empezó  a vender algunas cosas de su casa.

Pasaron los años, y murió su esposa. Ahora don Daniel había quedado pobre y solo, pero nunca perdió su fe en Dios.

En verdad había quedado en la ruina completa: Pobre, Endeudado, Solo, Enfermo, Cansado y sin Fuerzas; que sus amigos al verlo en esta situación se alejaron de él.

Le llegó una rara enfermedad que estuvo en cama por meses. Sin embargo, se levantó con el único fin de luchar para salir adelante y recuperar su situación económica, pues sus acreedores lo acosaban cobrándole todos los días.

Entonces un día, don Daniel se dirigió hacia el convento de unos monjes, que se hallaba a unos kilómetros de la ciudad en medio de hermosos jardines.

Ahí se encontraba su amigo de infancia: Fray Lucas. Este monje Tenía fama de ser uno de los más santos y bondadosos. Todo lo daba a los pobres que llegaban  diariamente buscando ayuda, y nunca guardaba nada para sí.

-¿Cómo estás hermano mío ?, veo en tu rostro que no traes buena nueva –dijo el monje en cuanto le vio la tristeza que llevaba.

-Así es, Fray Lucas, y sólo me queda un amigo: tú, y ningún peso en mi bolsillo.

-¿Y qué es lo que deseas?, Pídelo a Dios y El Proveerá –contestó el monje.

-Necesito mucho dinero para empezar de nuevo con mi negocio –dijo don Daniel.

– En verdad viniste tarde – le dijo el monje-. Todo lo que tenía lo he dado a los pobres que acaban de irse.

Justo en ese instante, por la pared caminaba un alacrán. El monje lo tomó en sus manos, lo envolvió en un pañuelo blanco, se lo entregó a su amigo y le dijo:

-Debes tener mucha FE y que no digas que no te he ayudado. Ve con este alacrán  a una casa de empeño y verás que te darán algo por él.

-Pero… ¿estás seguro? …. –preguntó incrédulo don Daniel.

-Ten mucha Fé y sólo Haz lo que te digo –reiteró el monje.

Fray Lucas expresaba tanta dulzura, y seguridad en sus palabras, que don Daniel ya no dudó más.

En ese mismo instante regresó a la ciudad y se dirigió a la primera casa de empeño que encontró en su camino. Todos ahí lo conocían, pues en los últimos meses había tenido que ir a rematar algunas cosas de su casa; y todos estaban intrigados porque apenas le veían un pequeño pañuelo blanco doblado en sus manos.

Don Daniel destapó con mucho cuidado el pañuelo y de pronto apareció el alacrán, pero… era esta vez era un alacrán de oro con piedras preciosas! No había duda que era una joya muy valiosa y le dieron una gran cantidad de dinero

Don Diego levantó sus ojos al cielo y dio gracias a Dios por no haberlo abandonado.

Con el dinero que le dieron,  abrió nuevamente su negocio y se puso a trabajar duro de sol a sol. Muy pronto empezó a ganar mucho. Ahorró todos los días y cuando tuvo suficiente fue a la casa de empeño a recuperar la joya preciosa de su amigo, el Monje, que le diera en aquella ocasión.

Luego se dirigió al convento en busca de Fray Lucas, al encontrarlo éste lo recibió con la santidad que le caracterizaba.

-Aquí te regreso el alacrán –le dijo-  Gracia a Dios, a quien nunca he dejado de orar, y a ti;  he logrado recuperarme. Que Dios Te Bendiga y premie tu santidad, Fray Lucas.

-Me alegraría saber que pudiera ayudar a todos como te he ayudado a ti –contestó el Monje.

Luego, tomó el alacrán de oro, lo miró sonriente, lo colocó nuevamente en la pared, y, dándole un soplo, le dijo:

-Sigue tu  camino, criatura de Dios.

El animalito cobró nuevamente la vida y empezó a caminar por la pared, escondiéndose en la primera grieta que encontrara.

-¡Esto es un verdadero milagro, Fray Lucas! –dijo Don Daniel arrodillándose y besando respetuosamente la mano del Monje.

Desde aquel día el Monje siguió convirtiendo todos los objetos que entraban a su alcance en cosas de gran valor.

De esta manera lograba ayudar a todos los necesitados que iban a visitarle en busca de apoyo.

Podría creerse que la falta de FE es lo mismo que Duda, pero en esta historia hacemos referencia a esa FE que nos permite estar seguros de que DIOS es quien actúa en nosotros, para nosotros y por nosotros; no por “el poder de la atracción”, sino porque EL así lo quiere y así lo ha prometido.

La Falta de FE nos hace  creer que  “Nuestra FE”, y no la obra y misericordia de DIOS, es la que hace las maravillas en nuestras vidas, y por ende, al no tener  “Mucha FE”, no oramos, no estamos seguros que se nos dará lo que pedimos y no podemos ser instrumentos de Dios, sin recordar que, aún si fuera como un granito de mostaza, podremos mover montañas (Mateo 17:20), (Hebreos 11:1 y 6).

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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