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El Libro Justo

El Libro Justo

CUENTOS POPULARES

Don Isidoro era avaro y muy malo. Su esposa Ernestina le ayudaba en sus maldades. Tenían un negocio a medias con el pobre don Jonás.

Don Isidoro y su esposa le afirmaban a al pobre Jonás que el negocio iba de mal en peor día a día. Pero la verdad era que se hurtaban todo el dinero, al punto que don Jonás estaba prácticamente en la miseria.

Una noche estaban Don Isidoro y su esposa en la casa cuando tocaron a la puerta. Era un joven soldado herido y vendado en las dos piernas.

-Señor –les afirmó el militar – vengo fatigado y muerto de sueño. ¿Podrían darme posada por esta noche?

-Está bien, puede quedarse. Pero debe dormir en el cobertizo de la leña, por el hecho de que en la casa no tenemos espacio.

El soldado se fue a dormir al cobertizo que estaba al lado de la casa. Ya comenzaba a dormirse cuando oyó mucho ruido dentro de la casa. Se asomó por una rejilla y vio qué la pareja se comía un señor banquete. Allá había jamones, queso, pollo, vino y pan. El tenía mucho apetito y le dio la sensación de que esa gente era verdaderamente ególatra. Y se sorprendió más cuando vio que sacaban de un enorme guardarropa una tinaja llena de dinero. Oyó que Ernestina dijo:

-Acá está el dinero de Jonás el imbécil. Nuestro socio es verdaderamente estúpido. Pensar que el negocio no da ni para comer en el momento en que nos va tan bien, fíjate Isidoro, si no fuese tan imbécil, no se dejaría robar el dinero en esta forma.

Entonces lo contaron y lo guardaron. El soldado estaba verdaderamente intrigado. De súbito oyó que tocaron la puerta. La mujer se asomó para poder ver quién era. Entonces cerró la puerta y se volvió a decirle algo a su marido. Entre los dos guardaron de forma rápida el alimento y el dinero. Entonces fueron a abrir la puerta. Era Don Jonás.

-Uy, compañero. – dijo don Jonás – vengo a ver si tiene algo de comida.

-A mí Señor, ya ni para eso me alcanza el dinero. Nuestros negocios van verdaderamente mal.

Estas palabras intrigaron mucho al soldado. Vio sorprendido como sacaban una olla con frijoles y le servían al visitante.

-Gracias- afirmaba don Jonás mientras se sentaba a la mesa.

-Qué va, compañero –dijo Isidoro, desearíamos servirte algo mejor, pero ya ves como estamos en esta gran pobreza.

El soldado no soportó más y fue a tocar la puerta. Cuando Ernestina le abrió, entonces dijo:

-Por favor señora, permítame sentarme un rato al lado del fuego, afuera hace frío y las heridas me duelen mucho.

Ernestina lo dejó pasar y le ofreció un poco de frijoles.

-No, mil gracias –dijo el soldado- tengo este libro mágico que con solo que solicite algo de comer y lo abra, me afirma dónde puedo hallar comida.

Como ninguno de los tres sabía leer, no se dieron cuenta que el soldado lo que tenía era un cancionero.

-Uy, -afirmó Ernestina- ¡qué bendición si eso fuera cierto!. Hasta el momento estemos aburridos de comer frijoles tarde y mañana.

El soldado se puso a meditar un rato y después dijo:

-Deseo comer jamón. Veremos –dijo abriendo el libro-. Ah sí, acá está. Este libro afirma que puedo hallar jamón en este guardarropa-. Al mismo tiempo que afirmaba esto, se fue al guardarropa donde había visto que Ernestina guardaba el jamón.

Don Jonás, Isidoro y Ernestina abrieron la boca del susto. Los esposos se pusieron verdes de ira cuando vieron que el soldado sirvió el jamón en la mesa.

Entonces afirmó el soldado:

-Bueno, ya tengo jamón, ahora deseo pan, queso y un buen pollo y asimismo vino.

Abrió nuevamente el libro y dijo : Afirma el libro que en este cajón los puedo localizar.

Y de esta manera fue. Abrió el cajón y halló lo que Ernestina había guardado allá.

Ni qué decir de la furia que tenían los esposos. En cambio don Jonás, estaba feliz comiendo de todo y tomando un buen vino.

Cuando acabaron de comer, dijo el soldado :

-Para finiquitar, deseo que este libro me diga dónde puedo localizar dinero para proseguir mi camino— se puso a leer y al instante dijo: -Afirma el libro que acá lo puedo localizar.

Y, diciendo y haciendo sacó la enorme tinaja llena de dinero.

-Como no soy ególatra, repartiré este dinero entre todos .

-Gracias, buen hombre -afirmaba don Jonás a al momento de saltar de alegría.

El soldado repartió el dinero en 3 partes iguales, una para el matrimonio, otra para don Jonás y ora para él.

-Se me olvidada –dijo el soldado- este libro es tan fantástico que descubre los secretos en el pensamiento de otras personas. Si lo quiere, don Jonás, se lo regalo.

-No –gritó Don Isidoro-. Yo le compro ese libro. Tome el dinero que nos tocó a nosotros y permítame el libro.

Y de esta forma, el pobre soldado salió bien comido y con dinero y en parte le hizo justicia al pobre don Jonás.

Lo que no sabemos y de ahí que no se los podemos contar, es de qué manera le fue al matrimonio con el libro.

About The Author

La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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