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La Olla de Arroz

La Olla de Arroz

CUENTOS PARA DORMIR

Un pobre hombre viejo vivía solo en su choza, únicamente con la compañía de un perro y un gato.

Eran muy pobres, y no siempre tenía comida suficiente para los tres. Sin embargo, el viejo compartía su poco de pan con sus amigos. Si había hambre, la padecían los tres, ya que el hombre siempre compartía lo poco que tenía.

Una vez pasó un Angel enviado del cielo y tocó la puerta de la choza:

-¿Qué se te ofrece, buen hombre?, dijo el anciano…

-¿Estoy muy cansado y tengo mucha hambre. No me daría usted un poco de comida?

-En verdad tenemos muy poco en esta casa, respondió el anciano, pero pase por favor….

El peregrino entró a la choza y aquel viejo le invitó a cenar. Sirvió un plato de arroz para el forastero, uno para el perro y un tercero para el gato. El enviado del cielo observó que el anciano se quedó sin cenar.

El peregrino pasó la noche con ellos y partió a la mañana siguiente. Antes de irse le dijo al anciano :

Muchas gracias buen anciano por recibirme en tu casa. Eres muy caritativo y del cielo me ordenan compenzarte por ello.

Entonces sacó una piedra de su bolso y la hecho en la olla de arroz.

Cuando el forastero se fue, el anciano se dio cuenta que la olla estaba completamente llena de arroz. Comieron él y sus amigos en abundancia y regalaron a los vecinos. Y su asombro era tal, que cada vez que sacaba arroz de la olla, ésta se llenaba nuevamente.

Entonces comprendió que el peregrino había puesto en la olla un talismán milagroso para que nunca les faltara comida en su casa.

De pronto todos los vecinos cercanos y de sus alrededores, se dieron cuenta que en la choza del anciano había en abundancia el arroz más delicioso que nadie hubiera probado. Incluso llegaban del pueblo que estaba al otro lado del río a comprar aquel exquisito arroz; y entre más arroz vendiera el anciano, la olla siempre se llenaba nuevamente.

En verdad pasaron tiempos de abundancia los tres. El perro siempre tuvo su filete de carne y al gato no le faltaba su leche. Incluso hubo dinero para arreglar su casa, comprarse su ropita, sus muebles; en fin la pasaron de maravilla.

Pero llegó un día en que el anciano vio que la olla no se había vuelto a llenar de arroz. Revisó el fondo y el talismán había desaparecido. A lo mejor el talismán se fue en un plato de arroz con alguno de los vecinos.

El anciano, el perro y el gato se pusieron muy tristes, pues empezaron nuevamente las calamidades en aquella casa.

-Pobre nuestro amo, dijo el perro, tendrá que padecer hambre de nuevo.

-Pobrecitos nosotros, dijo el gato, acaso nosotros no vamos a padecer hambre también. Eso de perder el talismán fue un gran descuido del viejo….

-En lugar de hablar de esa forma, contestó el perro, tú podrías acompañarme a buscar el talismán.

Al gato le pareció idea del perro, y juntos partieron a buscar el objeto milagroso por todas las casas vecinas. Al final los dos se dieron por vencidos.

-Es imposible encontrarlo, dijo el gato, ese talismán se lo tragó la tierra.

-No es así, dijo el perro, recuerda que venía mucha gente a comprar arroz del otro lado del río. Debemos ir hasta allá.

-Si que eres gracioso, respondió el gato muy asustado, tú si puedes cruzar el río nadando, pero yo no me arriesgo a cruzar el río.

-Debes acompañarme, dijo el perro, yo sólo puedo buscar el talismán en las afueras de las casas, pero tú puedes entrar en ellas y subir a cualquier lugar a buscar. Yo te cruzaré el río sobre mis espaldas, así es que no debes tener miedo.

Con esos argumentos, el perro pudo convencer al gato, y partieron en busca del talismán

Cuando cruzaron el río, el gato se metió en cualquier rincón de las casas, se subió a cualquier armario que pudo y por fín encontró aquel objeto milagroso y la alegría de aquellos grandes amigos fue inmensa.

Empezaron su retorno a casa y cruzaban el río. El perro nadaba y el gato viajaba en sus espaldas, traía el talismán en su hocico y con sus uñas se sostenía fuertemente de la espalda del perro. Las personas que estaban en la ribera del río empezaron a burlarse de aquellos aventureros, al gato le dio mucha risa que abrió su hocico y el talismán cayó al río.

 

El perro se puso furioso y estuvo a punto de lanzar al gato al río, pero no lo hizo porque valora los principios de lealtad entre amigos.

Al llegar a la orilla, el perro se convenció que toda tarea de búsqueda en aquellas aguas sería infructuosa debido a la profundidad y caudal del río.

-Lo que a mi corresponde, dijo el gato, a la casa del viejo ya no regreso. En verdad no estoy dispuesto a seguir soportando hambre y tantas calamidades.

-Qué no te das cuenta que tú eres el culpable y sales con tremenda grosería, le contestó el perro mientras dejaba al gato y se marchó a casa de su amo.

El anciano se alegró mucho de ver llegar al can, pero a la vez se entristeció al ver que el gato no regresó.

Volvieron la angustia y calamidades a la casa del anciano. De ves cuando el perro conseguía algo de comer para los dos. A veces se robaba alguna salchicha o filete de algún vecino, otras lograba cazar algún conejo, o se iba a la ribera del río para que los pescadores se compadecieran de él y le dieran algún pescado.

Una vez, el perro llegó y le entregó a su amo un gran pescado que uno de los pescadores del río le había regalado.

Cuando el anciano lo limpiaba para freírlo se sorprendió al encontrar en las entrañas de aquel pez el milagroso talismán. Aquel hombre cantaba, danzaba, y el perro ladraba y aullaba de alegría.

Volvió a reinar la abundancia en aquella casa. Ya no volvió a faltar el alimento para aquellos dos amigos y volvieron a ser felices.

Uno de tantos días, apareció de repente el gato en la casa. El anciano lloraba de alegría cuando vio aquel felino. Pero para el perro no fue tan grata su visita, y le dijo al gato:

Eres un tipo mal agradecido y desleal, cómo se te ocurre regresar de nuevo. Ahora que sabes que el amo tiene abundancia vuelves a él; pero no te importó abandonarlo cuando él necesitaba de tu ayuda y cariño.

 

Desde entonces, los perros no se llevan bien con los gatos.

Esta historia me recuerda el pasaje de la Biblia (1ª Reyes 17:7-16), donde la viuda de Sarepta le da el único alimento que tiene (para ella y su hijo) a Elías, enviado por Dios. Desde ese momento la harina y el aceite de aquella mujer nunca se terminó, así como nunca se terminó el arroz del anciano.

Tanto la viuda pobre del antiguo testamento, como el anciano pobre de nuestra historia, tienen algo que dar al enviado por Dios, y esto es una gracia para los cuatro.

También me recuerda la historia del Arbol de Pan, en donde otro anciano ofreció su ración de pan y la de los suyos, al mendigo que tocaba su puerta en busca de alimento.

Todas estas historias nos enseñan que debemos entregarnos a nuestros semejantes, porque cuando servimos a alguien acá en la tierra, en verdad estamos sirviendo directamente a Dios, y está comprobado que Él nos recompensa al ciento por uno.

En cuanto al gato, éste me recuerda aquellos “amigos” que nos muestran su amistad únicamente en épocas de bonanza, pero que nos abandonan en épocas de crisis.

Este tipo de amistades sobran por todas partes. Debes saber elegir con mucha cautela a los amigos verdaderos; aquellos que siempre estarán contigo, en las buenas y en las malas.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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