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Las Orejas de don Conejo

Las Orejas de don Conejo

CUENTOS INFANTILES

El señor conejo siempre ha protestado por su tamaño,  pues él siempre ha querido ser más grande.

Don conejo pensaba que por ser muy pequeño e indefenso, siempre tenía que huir y esconderse de todos los demás animales.

Una vez le  contaron que cerca del cráter del volcán, habitaba un brujo, ya muy anciano, y que tenía muchos poderes y se auxiliaba de fórmulas mágicas y conjuros para ayudarles a los demás; y por lo tanto él podría resolverle el problema de su tamaño. Entonces le pidió al Señor Zopilote que lo llevara a lo más alto de aquel enorme volcán.

Cuando llegó frente al anciano, éste le preguntó:

-¿Por qué necesitas ser más grande?

Entonces don Conejo le Respondió:

-Todos los animales me acechan y me atropellan, y debido a que soy muy pequeño no puedo defenderme. Si tan sólo fuera del tamaño de un león, considero que nadie me molestaría.

Al anciano le causó mucha gracia los argumentos de don Conejo y le dijo:

-Está bien… creo que puedo ayudarte, pero requeriré de  tres ingredientes para la fórmula mágica que te hará crecer. Necesito me traigas la piel de un tigre,  un colmillo de lagarto y un galón de leche de gorila.

Don conejo estaba feliz porque había encontrado la posibilidad que durante siglos estaba buscando, pero a la vez se puso muy asustado por el riesgo que implicaba conseguir esos tres ingredientes.

Decía que por ser tan pequeño, no sabía cómo obtener la piel de un tigre, arrancarle el colmillo a un lagarto y ordeñar una gorila; pero al mismo tiempo se dijo a sí mismo que la tarea podría parecer muy difícil, pero nunca imposible.

Pasó una semana diseñando su estrategia, y ya con un plan en mente decidió emprender su aventura.

Su primer blanco fue el tigre. Durante días vigiló su rutina, y en uno de esos se acostó a la orilla del camino por donde a diario pasaba y lo esperó. Cuando lo vio venir, se hizo que caminaba de arrastrada y le dijo :

-Señor tigre por favor ayúdeme. Voy para una fiesta a la que me ha invitado el rey de la selva, pero he pasado por una zona contaminada de zarzas y me he llenado de espinas. ¿Podría usted llevarme a la fiesta?

– Si me invitas a la fiesta, por supuesto que te llevo – le contestó el tigre.

El conejo se subió en las espaldas del tigre, y lo fue guiando por todo el camino, supuestamente a la guarida del león.

Al llegar a unas cuevas en lo más profundo del bosque, le dijo:

-Aquí es la fiesta, espera para anunciarte con el rey que tú has venido

Se subió a un arbusto y empezó a hacer muchos ruidos. De repente salió una manada de coyotes y le dieron una devanada al tigre hasta que lo mataron.

Cuando los coyotes volvieron a su cueva, don conejo bajó de su escondite y le sacó la piel al tigre.

-Ya tengo mi primer ingrediente de la fórmula mágica que me hará crecer, me faltan dos más para alcanzar mis sueños, decía  don Conejo mientras esperaba para seguir con la segunda parte de su plan.

Fue a guardar a su guarida la piel del tigre, tomó una guitarra y se fue a la orilla del río a esperar el lagarto. Cuando lo vio venir le dijo:

-Señor lagarto, viera que tengo un pequeño problema y necesito de su ayuda. Debo llevarle serenata a unas conejitas que viven al otro lado del río, pero como no puedo nadar me resignaré a perderlas y no voy a soportar que “Bigotes”, que se cree Bugs Bunny   se quede con ellas.

El lagarto, que se creía un don Juan en aquel río, no iba a permitir que le ganaran el mandado a don Conejo y le dijo:

-No te preocupes conejito, súbete a mi espalda y yo te llevo al otro lado del río para que puedas disfrutar de esas conejitas.

Don conejo se subió sobre el lagarto y emprendieron el viaje río abajo. Cuando iban a la mitad del río, le dio con la guitarra en la frente.

-Perdón don lagarto, con ese movimiento brusco que hizo, casi caigo al río y lo he golpeado con mi  guitarra sin querer.

-Casi me matas, dijo el lagarto. Por suerte que me golpeaste sobre la parte más dura de mi cabeza y casi ni lo sentí. Si me hubieses golpeado cerca de la nariz, entonces casi me hubieras matado.

Ya cerca de la orilla, don Conejo le dio otro guitarrazo, pero esta vez lo golpeó en la nariz y el lagarto quedó completamente dormido. Inmediatamente sacó martillo y tenazas y le arrancó el tan deseado colmillo.

-Ya solamente me queda ordeñar una gorila, dijo el conejo suspirando de alegría.

El siguiente día se fue a lo más profundo del bosque y se encontró a una gorila jugando con su cría recién nacida, y le dijo…

-Dicen que todas las hembras de tu especie casi no dan leche. Me pregunto cómo hacen sus crías para alimentarse.  Deben pasar mucha hambre, ya que son muy grandes y toman muy poca leche.

-Eso no es cierto, le contestó la mamá gorila cayendo en la trampa del conejo, nosotras damos más leche que las mismas vacas.

-No te creo, a ver demuéstramelo. Si es verdad llena este galón a ver si es cierto.

La gorila tomó el recipiente y empezó a ordeñarse. Una vez lleno, don conejo se lo pidió para probar si la leche tenía buen sabor y salió corriendo con aquella gran cantidad de leche que apenas podía.

Al amanecer el siguiente día, fue en busca de su amigo el Zopilote, para que lo llevara a donde el anciano.

El zopilote tuvo que hacer tres viajes. Primero llevó la piel del tigre, luego el galón de leche, y por último regresó por don Conejo y su colmillo.

-Acá tengo conmigo los tres ingredientes que me pidió, y vengo para que con ellos me haga crecer, le dijo al brujo.

Ya a esa hora de la mañana, el anciano no había tenido un buen día y no le causó gracia la visita del conejo, y se puso a pensar:

Si este conejillo es astuto y muy malo, que siendo pequeño fue más listo que el tigre, el lagarto y la gorila, ¿Qué no haría entonces si fuera más grande?.

Lo tomó de las orejas, se las jaló con fuerzas y lo lanzó por la ventana hasta el patio de su casa, donde aún lo esperaba el zopilote.

Desde ese día, los conejos tienen las orejas muy grandes.

Hace unos días veíamos cómo la Lagartija quería convertirse en un lagarto para que nadie la molestara,  y cuando fue en busca del mago para que con su magia la hiciera crecer, éste le reiteró que debemos de conformarnos y respetar la voluntad de Dios. Esta vez  es el conejo quien no está conforme con su tamaño, y el anciano le pide que supere tres grandes pruebas para alcanzar sus sueños.

A pesar de ser pequeño, jamás se dio por vencido y la lección que nos da es que por grande que sea la misión o por alto que se encuentren nuestros sueños; a pesar de lo inferiores que nos sintamos,  siempre podemos ganar la batalla y alcanzar nuestras metas.

Don conejo se tomó el tiempo para diseñar una estrategia, definir un plan, seguirlo al pie de la letra y no distraerse en su objetivo. Razones le sobraron al anciano para no cumplirle sus sueños y eso lo tratamos en la historia de “La Lagartija”, pero al menos le hizo crecer las orejas.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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