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La Conversión del Ladrón

La Conversión del Ladrón

CUENTOS CLASICOS

Joaquín era un muchacho vividor y tenía fama de ser un ladrón. Cuando se le cuestionaba, siempre se defendía argumentando que no era cierto, porque él nunca le robaba a los pobres, sólo a los adinerados.

– Si tengo hambre, decía, tomo una gallina. Pero aclaro, escojo al vecino que tiene más gallinas y le robo solamente una. De esa forma, el vecino hace una obra de misericordia, porque no me deja morir de hambre y él no se hará pobre por perder una simple gallina.

En verdad Joaquín no era una mala persona, ya que luego de comerse la gallina, le ayudaba al dueño de aquel animal en las labores agrícolas que él necesitara, o en los quehaceres de su casa.

En el pueblo lo apreciaban, pero le tenían mucho cuidado. Un día se le ocurrió irse a vivir al pueblo vecino para cambiar su vida.

Una vez instalado en aquel pueblo, se hizo la propaganda que era adivino.

Una noche se robó un caballo, lo llevó a la ribera del río, le lastimó una pata y lo ató a un árbol.

Al amanecer, el dueño del caballo llegó muy preocupado a buscar los servicios de Joaquín, y éste le dijo:

– Anoche me robaron uno de mis mejores caballos y necesito saber quién lo hizo y cómo puedo recuperarlo.

Joaquín tomó una posición de meditación, sacó su bola de cristal, se concentró en ella y dijo:

– Está un poco complicado. mis conocimientos únicamente me permiten descubrir parte de lo que usted necesita. Unicamente puedo ver el lugar en donde se encuentra en estos momentos su caballo, pero se me hace difícil poder ver quién lo robó.

Luego prosiguió:

-Su caballo lo han dejado amarrado en las riberas del río y está lastimado de una de sus patas….

El señor se fue muy contento a buscar su caballo y justamente lo encontró en el lugar señalado por Joaquín. Le pagó una suma de dinero suficiente para mantenerse un par de semanas.

Como vio que su invento le funcionó bien, cuando se quedaba sin dinero robaba algo, y los dueños acudían a él para que les adivinara donde encontrarlo. Así vivió cómodamente por algún tiempo, y fue reconocido por todo el pueblo como un gran adivino, y llegaba mucha gente a consultarle.

Una vez al alcalde del pueblo se le perdió un anillo muy antiguo y valioso. Sus empleados le aconsejaron que mandara a traer a Joaquín, el adivino; ya que con seguridad recuperaría el anillo.

De inmediato salieron tres guardias en busca de Joaquín, quienes al poco tiempo lo tenían frente al alcalde, y éste le dijo:

– Mira Joaquín. Tengo entendido que usted es un gran adivino, y necesito me diga cómo puedo recuperar mi anillo que se extravió el día de ayer.

– Está bien señor Alcalde, dijo el falso Adivino, pero debe entender que necesitaré tiempo porque su caso está muy complejo.

– Totalmente de acuerdo, dijo el alcalde, te doy tres días para que resuelvas mi caso. Para que nadie te distraiga, ten encerraré en la torre de la cárcel municipal. Pero eso sí, si no logras recuperar mi anillo, te demandaré por estafa y te condeno a 30 años de cárcel.

No había empezado a anochecer y Joaquín ya estaba desesperado, se lamentaba de cómo había caído en aquel enredo y cómo iba a salir de aquel apuro.

Empezó hacer un recuerdo regresivo de todas las personas que había engañado, robando sus animales o cosas, y luego éstas le pagaban para que les dijera dónde recuperarlo.

Esta vez estaba muy asustado, porque estaba seguro que no lograría recuperar el anillo del alcalde, y estaba convencido que era la paga de su pecado por robar las gallinas de sus antiguos vecinos y por estafar a los habitantes de este pueblo desde que recién llegó.

Luego de reconocer las celdas de aquella torre, se dio cuenta que la puerta no tenía candado; por lo que decidió escaparse aquella noche.

-En cuanto el gallo cante tres veces, me escaparé, dijo Joaquín

En esos instantes, el jardinero, el cocinero y el chofer del alcalde estaban muertos de miedo. Ellos habían robado el anillo con el fin de venderlo y repartirse las ganancias en partes iguales. Ahora temían que el adivino los descubriera.

– Y Ahora qué hacemos, dijo el cocinero….

– No te preocupes, ya tengo una gran idea, dijo el jardinero…

– Dinos de qué se trata, dijo el chofer…

– Estoy seguro que el adivino está convocando a sus oráculos en voz alta. Nos acercamos de uno en uno a ver que oímos. Si vemos que nos ha descubierto, entonces le regresamos el anillo y le pedimos que no nos delate.

Primero fue el cocinero al pie de la torre donde estaba Joaquín. Se acercó sigilosamente a la puerta y esperó. Justo en ese momento cantó por primera vez el gallo y Joaquín exclamó:

-Ahí está el primero…

El cocinero estaba seguro que se refería a él. Salió corriendo a donde lo esperaban sus compañeros y les dijo que el adivino lo había reconocido.

Entonces fue el jardinero a escuchar a través de la puerta. Luego de unos minutos, cantó nuevamente el gallo. Entonces dijo Joaquín:

– Ahí está el Segundo. Ya solamente debo esperar el Tercero.

El jardinero salió corriendo muerto de miedo y al llegar donde sus compañeros les dijo:

-Tienen razón. Este adivino nos ha descubierto y sabe exactamente que somos tres los involucrados en el robo.

-Voy a ver si tienen razón, dijo el chofer, lo descubriré por mi propia cuenta, y se dirigió a la torre.

Justamente cuando llegó el chofer, cantó por tercera vez el gallo, y Joaquín dijo:

-Ya llegó la Hora, acaba de Cantar el Tercero…, y abrió la puerta.

Fue tan grande su sorpresa que se encontró a los tres hombres de rodillas a la salida de la torre que le aclamaban:

– Por favor no nos acuse con el Señor Alcalde que robamos el anillo. En estos momentos nosotros se lo regresamos a usted, pero déjenos ir.

Por supuesto que Joaquín aceptó tal acuerdo, puesto que dicho trato lo salvaba a él de ir a la cárcel.

Escondió el anillo bajo la escalera de la torre y se regresó a dormir tranquilamente.

Al amanecer fue donde el alcalde y le indicó dónde estaba el anillo y todos quedaron encantados con la sabiduría de aquel adivino.

El Alcalde le pagó una gran cantidad de dinero a Joaquín y le ofreció un puesto de asesor en la alcaldía, para que le ayudara a resolver esos casos complicados que sucedían a menudo en aquel pueblo.

Después de haberse librado de aquel gran susto, Joaquín no estaba dispuesto de volver a vivirlo, por lo que rechazó la propuesta. En lugar de eso, se fue a vivir a un pueblo muy lejano, y con la gran suma de dinero que el alcalde le había pagado, puso un negocio, se convirtió en una persona honesta que ayudaba a los demás, y vivió cómodamente.

Lo acaba de decir el Papa Francisco “No Hay Santo sin un Pasado, ni Pecador sin un Futuro”. A menudo llevamos una vida desordenada,  y tenemos que vernos en situaciones de peligro para poder reaccionar y renunciar al pecado.

Joaquín entendió el mensaje y no esperó a que fuera demasiado tarde para dejar su “hombre viejo” y convertirse en un “hombre nuevo”. Dejar  el hombre con pecado, un hombre viejo según el modelo de Adán; y convertirse en un hombre redimido, un hombre nuevo configurado según el modelo de Cristo.

Convertirse es una de las grandes exigencias que nos trae Jesús “Renuncien a su Mal Camino porque está Cerca el Reino de los Cielos“ (Mateo 3:2); porque todo hombre ha quedado preso en el pecado y Él ha venido para que renazca en nosotros el “hombre nuevo” a través de la conversión.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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