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Afortunado de Nacimiento

Afortunado de Nacimiento

CUENTOS CLASICOS TRADICIONALES

Hace mucho tiempo, en un lugar muy  lejano, vivía un empresario de mucho éxito, a quien por su poder y riqueza lo llamaban “El Magnate”… y éste odiaba a los pobres.

Un día se acercaron a su mansión dos ancianos forasteros. Cuando El Magnate ordenó que los sacaran de su mansión, su pequeña hijita Sofía, le pidió no lo hiciera y que en su lugar les permitiera pasar la noche en la casa de huéspedes. El Magnate que consentía a su pequeña, de mala gana aceptó que se quedaran.

En la madrugada, cuando ya todos descansaban, Sofía se levantó sigilosamente para ver que hacían los forasteros. Entonces escuchó que uno le decía al otro: “Señor, en estos momentos ha nacido un niño en este pueblo. Con qué nombre quieres que le bauticen y cuál será su destino ?. El mayor de ellos contestó: “Su nombre será  Julio Cesar y le llamarán “El Afortunado” porque a él le daré las riquezas de El Magnate.

Al amanecer Sofía le dijo a su padre lo que había escuchado. El Magnate se puso nervioso y buscó por todo el pueblo preguntando si durante la madrugada anterior había nacido un niño.

Cuando llegó a la Iglesia del Pueblo, el cura le dijo: “Efectivamente, durante la madrugada nació un niño a la familia más pobre y humilde de la zona rural. Lo bautizaré con el nombre de Julio Cesar y le llamarán El Afortunado”

En ese instante El Magnate se fue para la humilde casa de los campesinos, padres del recién nacido, y se ofreció para ser el padrino del niño.

Como regalo de bautismo, ofreció una gran fiesta y le pidió a los padres que le dieran al niño para ofrecerle una buena educación. Los padres, al ver su precaria situación económica, estuvieron de acuerdo.

Pero el siguiente día, El Magnate metió al niño en una hielera y lo lanzo al mar. La corriente lo llevó mar adentro y fue visto por unos pescadores que lo rescataron y lo llevaron vivir a un hogar de niños de la ciudad, al cuidado de un grupo de religiosas.

El Magnate que siempre andaba de negocios por todas las ciudades del país, un día llegó al hogar de niños, y una de las religiosas le contó la historia de Julio Cesar. Este entendió que se trataba del mismo niño que quince años atrás había lanzado al mar en una hielera.

Entonces le dijo a las monjas que le gustaría mucho que Julio Cesar fuera su asistente en los negocios, ya que era joven con mucho talento y su educación religiosa lo hacía muy honesto y honrado. Las monjas aceptaron muy felices.

Como El Magnate debía seguir su gira de negocios, le entregó una carta a Julio Cesar, lo envió a su mansión,  para que al llegar se la entregara a su esposa. Pero la carta giraba instrucciones a su esposa para que al llegar Julio Cesar lo presentara a la policía y que lo acusaran por fraude en una de sus empresas de aquella ciudad.

Julio cesar inició su camino muy contento. En su trayecto se encontró a un indigente con el que hizo una bonita amistad y lo invitó a cenar. Cuando cenaban le habló de su viaje y el indigente le pidió que le leyera la carta. Al hacerlo Julio Cesar se entristeció mucho. El indigente tomó la carta, la sopló y le dio palabras de aliento al joven, diciéndole: “Ten FE… Sigue tu Camino… que Dios tiene muchas Bendiciones esperando por TI”.

El joven llegó a la mansión y entrego la carta a la esposa de El Magnate. Estaba nervioso… la mujer abrió la carta, empezó a leer y se le escucharon las siguientes palabras: “Mujer, cuando recibas esta carta, date prisa y casa a nuestra hija Sofía con el portador de la misma. Por favor no me esperes a que yo regrese, es importante que lo hagas inmediatamente.”.  Y entonces… Julio Cesar se casó con la hija del Magnate.

Luego de dos meses, El Magnate regresó de su viaje de negocios. Al ver a Julio Cesar casado con su hija lo puso furioso y una vez más se propuso terminar con él.

Entonces lo envió a que fuera a visitar a su amigo el Gigante, para que le preguntara sobre el paradero de doce embarcaciones que estaban perdidas desde hace más de un año.

Sofía, cuando se enteró, se puso a llorar, pues sabía que su padre en verdad lo mandaba para que el gigante se lo comiera.

Rumbo al Centro del Bosque, al otro lado del mar, donde vivía el Gigante, primero tenía que pasar por un Río. Un anciano con su balsa pasaba la gente de una orilla a la otra.  Cuando Julio Cesar le contó hacia dónde iba, el balsero le pidió que le preguntara al gigante cuánto tiempo más tiene que trabajar en esa balsa. El joven prometió hacerlo y siguió su camino.

Por fin llegó a la orilla del mar y se encontró con una ballena que estaba acostada, formando como un puente de una orilla a otra. Julio Cesar le contó hacia donde iba, y la ballena le pidió que le preguntara al gigante cuánto tiempo más iba servir de puente para las personas que cruzaban el mar. Igualmente Julio Cesar le prometió hacerlo y siguió su camino.

Entrando al bosque donde vivía el gigante, pasó frente a un roble, y escuchó que éste lloraba. Al preguntarle el joven por qué lloraba, el roble le pidió que le preguntaba al gigante cuánto tiempo más permanecería de pie; ya que estaba cansado de soportar más de trescientos años de planta en el mismo lugar. Una vez más el joven le prometió hacerlo y siguió su camino.

Al fin llegó al castillo del gigante y sólo encontró a una hermosa mujer; a quien Julio Cesar le contó el motivo de su visita, y ésta le dijo : “El Magnate te ha mandado para ser cena del gigante, pero no te preocupes que yo te sacaré de ésta.

En eso estaban, cuando la tierra comenzó a temblar mientras el gigante se acercaba,  y la mujer apenas logró esconder al muchacho.

El gigante se acostó bajo la sombra de los árboles y le pidió a la mujer que le cantara y que danzara colgándose de los árboles. Mientras danzaba y entre cánticos y cánticos, ella empezó a contarle que había tenido una serie de sueños extraños, repitiéndole todo lo que Julio Cesar le había narrado.

Sin sospechar absolutamente nada, el gigante le dijo: “El balsero debe bajarse cuando alguien le pida que lo lleve a la otra orilla, de esa manera el otro tomará su lugar.”

Y luego prosiguió, “La ballena debe expulsar los doce barcos de El Magnate y podrá liberarse y regresar a los mares y el roble estará de pie hasta que alguien le dé una patada”.

Luego de las revelaciones y quedarse dormido, la mujer ayudó a Julio Cesar a salir del bosque para que emprendiera su retorno.

Al llegar al roble, le dio una patada y éste se desvaneció y de entre sus raíces apareció un inmenso tesoro conteniendo joyas, diamantes y monedas de oro.

Cuando llegó a la orilla del mar, Julio Cesar le dijo a la ballena que expulsara los doce barcos de El Magnate. Entonces los barcos salieron y se fueron rumbo al puerto de El Magnate y la ballena se alejó en medio de las olas.

Finalmente llegó al río y esperó a que el balsero lo llevara a la otra orilla y entonces le dijo lo que tenía que hacer.

Cuando El Magnate recibió a Julio Cesar junto a los doce barcos y con tan inmenso tesoro, se enfureció y decidió ir a reclamarle al gigante.  Cuando llegó al río el balsero hizo lo que Julio Cesar le aconsejó, y desde ese día El Magnate tiene que llevar la balsa de una orilla a otra y Julio Cesar es el dueño de todas sus riquezas.

Desde que nacemos todos traemos una misión para nuestra vida; ya que Dios tiene un propósito específico para cada uno de nosotros, y nada ni nadie podrá interferir con los planes de Dios.

Unicamente cuando entendemos esa perspectiva, logramos comprender que tenemos una misión que cumplir y todos nuestros esfuerzos y  la relación con Dios debe estar enfocada para el cumplimiento de dicha misión.

Lo primero que debemos hacer es descubrir esa misión, y si no la encontramos es porque estamos enfocados en nuestras propias expectativas y no en el plan de Dios. Cuando hagamos propio el Plan de Dios, entonces encontraremos un propósito y una razón para nuestra vida.

La Abuela

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La Abuela

La Abuela es una Narradora de Cuentos que trae consigo una Moraleja, Enseñanza y Lecciones de Vida en cada una de sus Historias.

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